El Comité Bioético Clínico – Red Distrital es un grupo multidisciplinario conformado por los comités de ética y bioética de los hospitales del Distrito, que propende por que la atención integral en salud y las labores de investigación estén sustentadas en un contexto bioético respetuoso de la persona y su dignidad.
miércoles, 24 de agosto de 2011
COMITÉS DE BIOÉTICA Y HUMANIZACIÓN
Pero, también, lo científicamente permitido desde la perspectiva ética puede resultar censurable en la práctica si no se es irreprochable en su aplicación.
En la asistencia, de igual manera, no basta una técnica impecable. Y no basta porque lo técnico no rebasa habitualmente la dimensión orgánica, ni siquiera -por efecto de la parcelación del cuerpo por las especialidades médicas- la contempla toda. Otra dimensión, la espiritual, demanda una atención que no desestime las necesidades afectivas, que las anteponga incluso a las dolencias físicas.
El ser humano es más que la sumatoria de sus órganos, es también la suma de sus sentimientos y de sus pensamientos. Éstos a diferencia de aquéllos -tan semejantes en su anatomía y su fisiología, en todos los miembros de la especie- son los que le confieren identidad al individuo. En ellos –intelecto y afecto- realmente reside la persona.
Tras de un órgano enfermo hay un ser que sufre. Una existencia que en contraste con el animal irracional tiene conciencia de su padecimiento y aventura posibles desenlaces; sufre y se siente vulnerable.
Tratar al ser humano implica, en consecuencia, atenderlo íntegramente. Calmando la dolencia física y serenando su espíritu, porque la dimensión espiritual del hombre; aquello que no es físico ni orgánico, que reúne lo inmaterial del ser humano: su alma, su psiquis, su mente, su intelecto, no puede quedar abandonada.
El arte de curar es compasivo
La medicina debió nacer más por la aflicción ante el dolor ajeno que por el interés en el conocimiento de las enfermedades. Con poco que ofrecer en los tiempos remotos de su nacimiento, el mundo oscuro de los conocimientos sanitarios debió inclinarse por la piedad con los dolientes. Mitigar el dolor, el anímico más que el corporal, ante la impotencia de sanar, fue propósito primordial de la medicina antigua. Los adelantos científicos y tecnológicos, muchos siglos después, terminaron por anteponer la capacidad curativa a la caridad, sin reparar que la compasión no debía perder vigencia. El hombre enfermo mientras cura sigue padeciendo.
Si reconocemos que la enfermedad está ligada al sufrimiento, no podemos disociar la curación del sentimiento humanitario: el arte de curar es eminentemente compasivo, Lo fue incluso cuando la enfermedad fue interpretada como fruto del pecado.
He afirmado en un ensayo previo, “La deshumanización de la salud, consideraciones de un protagonista”, que se necesita cierto enternecimiento por quien sufre para querer abrazar las ciencias médicas, por lo que un misántropo no encaja en la asistencia. Creo que la reiteración del párrafo resulta conveniente: “Las ciencias de la salud nacieron para curar, o para aliviar en su defecto. El arte de curar demanda virtudes que sobrepasan en número y magnitud la de la mayoría de los oficios. Quien atiende a un enfermo no puede ser un desalmado. Debe ser sin excepción benévolo. Las cualidades que reclama el paciente, son a la vez las que se esperan de la medicina: compasión, caridad, generosidad, bondad, amabilidad, consideración, afecto, diligencia, que no son otra cosa que la expresión de la humanidad en alto grado”.
En salud el trato humanitario es un axioma. No debe pasarse por alto que el paciente es sensible a nuestros actos y que la aplicación de la técnica, aunque cure, con frecuencia produce temor y sufrimiento.
Aunque el maremagno al que llegó la atención sanitaria sea pródiga en manifestaciones descorazonadoras, es deber moral de quienes asisten al paciente conferirle a la atención sanitaria un rostro humano. Tenemos la obligación de volver a humanizar la medicina.
La humanidad, un asunto bioético
La humanidad es más que sentimentalismo, es la expresión sublime de la beneficencia asentada en el reconocimiento de la dignidad de la persona humana. Son las acciones que persiguen el completo bienestar del paciente, colmando la totalidad de sus necesidades. Que hacen posible que el enfermo se entregué al cuidado del equipo sanitario sin ansiedad ni desconfianza.
No siendo éste un asunto menor, se comprende que la humanidad deba asentar en los dominios de materias tan importantes como la moral, la ética y la bioética.
El trato humano, por fuerza, pone en juego los principios bioéticos de la no maleficencia, de la beneficencia, de la autonomía y la justicia.
Al ejercicio afectivo que hacemos de la aflicción, se suman poderosos argumentos racionales y filosóficos que fundamentan aún más el comportamiento que surge de la sensibilidad per se.
El respeto por la dignidad procede de muchas corrientes filosóficas: del humanismo griego, del humanismo del renacimiento, del humanismo cristiano, del humanismo materialista. Luego la dignidad es un valor universalmente reconocido y absoluto. A ninguna condición está subordinado, Ni a la raza, ni al sexo, ni a la edad, ni al credo, ni a la condición social. Es patrimonio de todo ser humano, un derecho natural del que gozan todos los miembros de la especie, y del que derivan todos los demás derechos. Del reconocimiento de la dignidad surge la humanidad como deber moral.
Cómo la humanidad se fue eclipsando
Hemos visto esfumarse la urbanidad y las buenas maneras del comportamiento humano, hemos visto convertir en rutina el sufrimiento, hemos menospreciado el valor terapéutico de las palabras, hemos transmutado la paciencia en productividad que agobia; nada es apacible porque nuestro mundo marcha a las carreras, relegando las dichas del espíritu. En semejante vértigo las actitudes humanitarias van quedando relegadas.
Causas generales como particulares del entorno sanitario explican esa pérdida de sensibilidad.
Indudablemente la masificación y la que denomino parcelación del cuerpo humano, consecuencia lógica del desarrollo del saber y de la especialización de la medicina, están entre sus causas. Como lo están, también, la comercialización de la medicina, el desmedido ensalzamiento de la técnica, el afán de producir, y el descuido en la selección y formación del personal sanitario.
En la multitud la individualidad carece de importancia. Todos los paciente son anónimos cuando se atienden muchedumbres, más aún cuando el tiempo atenta contra la atención y cuando todo ha de hacerse a las carreras.
La humanidad es el trato individual, personalizado, no la comunicación con la muchedumbre. En consecuencia la multitud deshumaniza. Y no sólo por convertir al paciente en insignificante fragmento de un tumulto, sino por el sinnúmero de personas que se entrometen en la relación del profesional con el enfermo, amenazando la privacidad del acto médico. La intromisión lo priva de la espontaneidad, al imponer reglas, estipular límites, determinar tiempos, coaccionar fórmulas, no en procura de la calidad, sino de la productividad y la estadística.
El progreso de la medicina asombra. Sembró esperanza donde se percibía fatalidad. Y llegó a ser el conocimiento tan extenso y tan profundo, que no hubo médico que pudiera albergarlo totalmente en su saber. Surgieron así las especialidades médicas y desapareció el médico omnisciente. Pero más que acabar con el médico que ‘todo lo sabía, terminó, desafortunadamente con el médico que todo lo escuchaba. El especialista no suele prestar atención más que a las quejas concernientes a los órganos y sistemas que son de su incumbencia.
La comercialización de la medicina deshumaniza, no porque la medicina de empresas deba ser insensible por naturaleza, sino porque se ha regido más por las leyes del mercado que por los postulados de la ética.
El encumbramiento de la técnica no pocas veces hace ver como flaqueza la actitud piadosa, en otras ocasiones su celo por restablecer la salud y prolongar la vida se traduce en trato encarnizado y sufrimiento.
En la formación del personal sanitario la ética como la humanidad apenas clasifican al ocurrente remoquete de ‘costuras’. Son materias en las que no se reconoce trascendencia. La adquisición de la habilidad resalta como la cuestión fundamental, sin reparar que su aplicación escrupulosa depende de los principios que se alientan y se inculcan en los educandos.
La selección de personal con vocación humana es necesaria, sin el sustrato de la benevolencia el milagro de la humanidad no se consigue. La humanidad auténtica no obra a la fuerza, es espontánea. Es una autoimposición moral. Obrar contra la voluntad es imposible.
Características del comportamiento humanitario
El ejercicio de la medicina nos demuestra que un ademán amable obra como un buen medicamento, y que una actitud displicente, por el contrario, puede hacer fracasar un tratamiento. Es la trascendencia de comportamiento humanitario en el alivio del paciente. Sencillamente el dolor exige más que un analgésico.
La aflicción del alma se mitiga con gestos y palabras. Por ello hasta los casos científicamente fallidos no están humanamente perdidos. Mucho se puede ofrecer a pacientes crónicos como terminales: no la cura, pero sí las condiciones que hagan más agradable la vida, que le demuestren que para los demás es valiosa su existencia.
El trato humano requiere convicción: la espontaneidad le confiere sentimiento, lo vuelve auténtico y lo perpetúa. Es el afecto con que se prodiga el que convierte en humano el suceso técnico acertado e impasible. La técnica, sin embargo, es también requisito fundamental del trato humano, pues no basta servir, hay que tener conocimiento para hacerlo. Quien filantrópicamente intenta atender un paciente con trauma medular, probablemente lo deje parapléjico si desconoce la forma correcta de ayudarlo.
La aspiración de cómo queremos ser tratados es habitualmente la guía más práctica para el comportamiento humanitario. Nos anticipa al efecto de nuestras acciones. La humanidad tiene siempre el rostro amable, ese es un requisito primordial e ineludible. A partir de este axioma, aparecen todos los valores inherentes, las virtudes con las que nuestro comportamiento será definitivamente humano: altruismo, afecto, amistad, caridad, cordialidad, comprensión, diligencia, generosidad, honradez, humildad, indulgencia, justicia, prudencia, rectitud, respeto, responsabilidad, sinceridad, tolerancia, veracidad, entre la multitud de cualidades que involucra.
La humanización demanda personal sanitario y administrativo ético y sensible, que mitigue la angustia y siembre el sosiego en el corazón de los pacientes.
Acciones en humanización de un comité bioético
Mucho es lo que un comité de bioética puede aportar en materia de humanización. Puede por ejemplo formular recomendaciones para rescatar la privacidad y autonomía del acto médico; despertar el interés de los profesionales por la vivencia del paciente y el efecto anímico de las dolencias; inducir al trato solícito y amable; promover el respeto a la intimidad del paciente y la reserva de la historia clínica; orientar en la toma de decisiones con el paciente terminal, haciendo más humano el proceso de morir; señalar a las empresas de salud los principios que deben asumir en el cuidado de la vida humana, aleccionar en el reconocimiento de la existencia y la salud como bienes absolutos, anteponiéndolos al lucro, y admitiendo al enfermo como fin y nunca como medio, y guiar en la búsqueda del equilibrio entre los intereses administrativos relacionados con la productividad y los eminentemente asistenciales,
Un listado más detallado, y sin embargo apenas fragmentario de asuntos que tienen que ver con el trato humanizado en las instituciones de salud, es el que presento en las siguientes líneas:
Abolición de filas, demoras y trámites innecesarios.
Revisión y adecuación de tiempos de consulta
Instauración de mecanismos para facilitar la asignación de citas
Ofrecimiento de espacios físicos seguros, cómodos y placenteros
Hospitalización en condiciones dignas
Restricción del aislamiento innecesario del paciente y la marginación de la familia
Flexibilidad del sistema de visitas
Supervisión de la calidad y los horarios de comidas (prevenir ayunos prolongado sin indicación médica por conveniencia organizacional)
Limitación de las remisiones por causas administrativas (evitar la dispersión de la atención de los enfermos)
Creación de instancias que velen por la satisfacción de los pacientes
Seguimiento a la atención de los enfermos enfocada al buen trato y su satisfacción
Observación en el trato de los dictados de la urbanidad
Abolición de actitudes prepotentes o impasibles con el enfermo y sus familiares
Establecimiento de estrategias para mejorar la relación y la comunicación
Generación de confianza entre el paciente y el personal sanitario
Promoción de comportamientos amables
Erradicación de actitudes que precipiten sentimientos de abandono en el paciente
Exhortación de actitudes sensibles ante el dolor
Orientación del manejo del paciente terminal
Respeto por las creencias y opiniones
Reserva y cuidado de la historia clínica
Cuidado del pudor del paciente
Confidencialidad de la información privada compartida por el paciente
Motivación a la participación del enfermo en el proceso terapéutico
Fortalecimiento de la comunicación con el paciente y sus familiares
Relevancia de la información exacta, clara y sencilla de las decisiones médicas
Respeto de las determinaciones del paciente
Claridad de las indicaciones médicas
Atento a muchos de los aspectos arriba enumerados, el Comité Bioético Clínico del Hospital de Kennedy de III Nivel de Bogotá, del cual he hecho parte desde su creación, acordó hace varios años algunas pautas para humanizar la atención, que inspiradas en el “Decálogo del trato humanizado” del Hospital Central de la Policía Nacional, se denominaron los “Mandamientos del trato humanizado”, y los presento como ejemplo de trabajo de un comité en pro de actitudes humanas en la atención de los pacientes:
1. Tocar a la puerta antes de entrar
2. Llamar al paciente por su nombre
3. Saludar y despedirse con amabilidad.
4. Identificarse ante el paciente, explicándole con sencillez y claridad el motivo de nuestra presencia.
5. Resolver satisfactoriamente sus inquietudes con honestidad, sin herir ni engañar.
6. Solicitar su consentimiento para examinarlo o para practicarle cualquier procedimiento.
7. Darle indicaciones claras y precisas
8. Respetar su privacidad y cuidar permanentemente su pudor
9. Evitar que nuestras indicaciones le causen incomodidades innecesarias
10. Comprender sus sentimientos y actitudes y proporcionarle apoyo en sus necesidades afectivas.
11. Mantener la más celosa reserva sobre lo que de él conocemos por razones clínicas o gracias a su confianza.
12. Ser solícito, atendiéndolo con prontitud y diligencia, no haciéndolo aguardar innecesariamente.
13. Servirle con humildad y nunca con prepotencia.
14. Presentarle disculpas cuando no podamos satisfacer sus requerimientos.
15. Tratar con respeto a sus familiares, suministrarles la información pertinente y darles muestras de apoyo y solidaridad.
16. Estar atento al bienestar y seguridad del paciente.
17. Infundirle seguridad y no generarle ansiedad innecesaria.
18. Respetar sus creencias y opiniones.
19. Preservar sus sentimientos de esperanza.
20. Brindarle apoyo, solidaridad y orientación a él y a su familia en enfermedades terminales
21. Evitarle demoras, trámites filas y desplazamientos innecesarios.
22. Brindarle orientación clara y suficiente para la realización de sus trámites y la ubicación de las dependencias a las que se remite.
El trabajador de la salud, objeto del trato humanitario
He enfatizado en los apartados anteriores la humanidad en el trato del enfermo, pero los criterios expuestos no dejan de ser aplicables al personal sanitario que suele llevar sobre sus hombros sus propias angustias y buena parte de la aflicción de sus pacientes.
La humanidad con el equipo de salud debe ser otro campo de interés para los comités asistenciales. Cuando se ignora el trato digno las compensaciones personales que retribuyen los esfuerzos se aminoran y el oficio de curar termina por enfermar a quien lo lleva a cabo. El ejercicio profesional en condiciones adversas desilusiona a los trabajadores soñadores, a los más ‘prácticos’ los transmuta en insensibles.
En la órbita de la humanización con los trabajadores sanitarios aspectos de análisis ineludibles y obvios son las condiciones de trabajo, la estabilidad, el ambiente laboral, el descanso, la relación entre la empresa y el trabajador, la seguridad en prevención de enfermedades y accidentes laborales, la confianza en el personal, los mecanismos de control, las relaciones entre los miembros del equipo de trabajo, el mundo afectivo del trabajador, el agotamiento físico y emocional, la insatisfacción personal, la autoestima del trabajador, los síntomas psicosomáticos del estrés, la carga laboral, la pertinencia de las actividades, el exceso de formatos que entraban el acto médico, la carga asistencial excesiva, la rutina, el error asistencial inducido por el trabajo desmedido, la remuneración, aspectos nocivos de la contratación, la distribución del trabajo, la objeción de conciencia, y la capacitación y actualización del personal.
Así, sin desamparar a unos ni a otros, ni a pacientes ni a trabajadores, los comités de bioética cumplen una labor trascendental en materia de humanización en las instituciones. Al tender la humanidad como un puente entre los frutos de la ciencia y su aplicabilidad, entre la dolencia física y la aflicción espiritual que la acompaña, entre el trabajo técnico y la labor piadosa, los comités encauzan la actividad asistencial.
Su competencia en la solución de los dilemas esclarece la forma de armonizar la ciencia con la ética, la productividad con la filantropía, y la generosidad con la riqueza. Y determina la forma en que el ejercicio de las ciencias de la salud compendie las bondades del ayer con las fortalezas del presente.
LUIS MARÍA MURILLO SARMIENTO MD
domingo, 30 de mayo de 2010
sábado, 29 de mayo de 2010
APLICABILIDAD DE LAS NUEVAS TECNOLOGIAS UN RETO BIOÉTICO

Con este nombre y este tema se llevó a cabo el 27 de abril del 2010, en el Planetario Distrital de Bogotá el II encuentro de Bioética.
Las siguientes fueron las intervenciones
RASTRO Y DESAFÍOS DE LA BIOÉTICA
Doctor Luis María Murillo Sarmiento
Presidente del Comité
TECNOLOGÍA DEL FUTURO Y SU ÉTICA
Doctor Jorge Reynolds Pombo
Investigador científico
PANEL: ENTRE LO POSIBLE Y LO APLICABLE
Moderador: Doctor Pedro J. Sarmiento M.
Médico, filósofo, bioeticista
Departamento de Bioética Universidad de la Sabana - Bogotá
Doctora María Mercedes Hackspiel
Docente investigadora Universidad Militar Nueva Granada
Doctor Jorge Reynolds Pombo
Investigador científico
Doctor Eduardo Rueda
Médico y filósofo
Instituto de Bioética Universidad Javeriana - Bogotá
Doctor Luis Alberto Sánchez-Alfaro
Odontólogo y bioeticista
Departamento de Bioética de la Universidad el Bosque
PANEL: ENTRE LO POSIBLE Y LO APLICABLE
Buenos días a todos.
ENTRE LO POSIBLE Y LO APLICABLE
Casi a diario nos llegan noticias sensacionales del mundo de la ciencia y de la investigación. Hacía tiempo que los avances de la biología y la medicina no nos conmovían tanto como hoy día.
Hoy los sueños de la humanidad parecen hacerse realidad. Nos convertimos en coprotagonistas de la evolución. Al mismo tiempo afloran nuestros temores
Los nuevos conocimientos científicos y las nuevas posibilidades tecnológicas nos confrontan con cuestiones fundamentales:
● ¿Cómo manejamos la naturaleza?
● ¿Cómo tratamos a la especie humana?
● ¿Qué significa hoy día el progreso?
Pero ello también plantea preguntas de carácter puramente práctico:
● ¿Se fijan en la investigación y la ciencia las prioridades correctas o nos dejamos llevar por determinadas modas?
● ¿Nos ocupamos de los problemas de lujo de unos pocos?
● ¿Descuidamos así campos de investigación que son vitales para la supervivencia de muchos seres humanos?
En este orden de cosas la ciencia plantea cuestiones que nos afectan a todos. Son cuestiones que ha de debatir la sociedad en su conjunto y que a continuación han de ser objeto de decisiones políticas.
Con las reflexiones que siguen quiero contribuir hoy a que en todos nuestros debates tengamos presente lo que he dado en llamar la medida humana. Y en este contexto me refiero a la forma de actuar sobre la vida humana.
Hablar de "medida" significa hablar de límites. Sin límites, sin acotaciones, no hay medida.
¿Pero no es una contradicción hablar de progreso y al mismo tiempo de límites? "Pensar es rebasar" – así rezaba el lema de Ernst Bloch, el gran filósofo alemán de la esperanza. Sí: Pensar – investigar, conocer, descubrir – significa rebasar.
Pero también sabemos otra cosa: Todo rebase de límites nos confronta con nuevos límites: límites del conocimiento, límites de la potencialidad humana, límites de la responsabilidad asumible. Para ello necesitamos medidas, referencias que nos ayuden a distinguir lo que nos es lícito hacer de lo que no lo es. Tenemos que plantearnos una cuestión que sólo en apariencia resulta simple: ¿Qué es bueno para el ser humano?
¿Pero cómo se mide pues lo conforme con el ser humano? ¿En qué consiste lo "humano" de la "medida humana"? ¿No es precisamente "lo humano" una categoría muy ambigua, polivalente? En "Antígona", drama escrito hace casi 2.500 años, Sófocles menciona las grandes realizaciones y descubrimientos de la humanidad. Y resume su asombro en este verso: "Muchas cosas hay misteriosas, pero ninguna tan misteriosa como el hombre."
Hoy volvemos a asombrarnos – como Sófocles entonces – de los desconcertantes logros que podemos alcanzar los seres humanos – y a veces nos recogemos amedrentados.
Las respuestas a la pregunta "¿Qué es bueno para el ser humano?". Sólo podemos hallarlas formulando y respetando principios éticos para nuestra vida como personas y para la convivencia con los demás. Independientemente de lo que hagamos o dejemos de hacer, invariablemente tomamos decisiones valorativas – deliberada o irreflexivamente, consciente o inconscientemente.
Aunque hablemos de las nuevas posibilidades que ofrecen las llamadas ciencias de la vida, no se trata fundamentalmente de cuestiones científicas o tecnológicas. Antes que nada y a fin de cuentas se trata de decisiones con una carga axiológica. Tenemos que saber cuál es nuestra imagen del ser humano y cómo queremos vivir.
Formular principios éticos implica ponerse de acuerdo sobre medidas y límites.
Desde luego que es muy fácil adoptar la actitud de la zorra de la fábula clásica y decir que las uvas no estaban maduras. Lo difícil es fijar y aceptar límites donde sería posible transgredirlos y acto seguido respetarlos incluso teniendo que renunciar así a determinadas ventajas. Pero a mi juicio es justo eso lo que tenemos que hacer.
Creo que hay cosas que no es lícito hacer por muchas ventajas que efectiva o supuestamente nos reporten. Los tabúes no son en modo algunos vestigios de sociedades premodernas, no son signos de irracionalidad. En efecto, reconocer un tabú puede ser fruto de un pensamiento y una actuación ilustrados.
Lo que mucha gente se promete de los avances de la biotecnología y la ingeniería genética es ante todo la curación de enfermedades graves y gravísimas. Para muchos el sufrimiento es tal que ellos mismos y sus allegados anhelan posibilidades de curación y paliativos.
La mayoría de nosotros conocemos a personas enfermas a las cuales nuestras médicas y médicos hoy en día no pueden ayudar o sólo pueden ayudar insuficientemente. ¿Cómo no comprender que se aferren a cualquier proceso que les ofrezca una perspectiva?
Afortunadamente en todo el mundo se investiga y se trabaja en medicamentos y terapias para ayudar a los enfermos. Estos esfuerzos – con buenas expectativas de éxito – también se realizan recurriendo a métodos de la biotecnología y de la ingeniería genética que no tienen por qué suponer cargos de conciencia para nadie. Estas investigaciones merecen todo nuestro aliento y respaldo.
En efecto, existen grandes tareas: Baste pensar en algunas enfermedades omnipresentes catastróficas: diabetes, cáncer, esclerosis múltiple, Parkinson. Pero no olvidemos cientos de millones de seres humanos sufren otras enfermedades totalmente diferentes. No estoy pensando solo en el SIDA, sino también en la malaria, la hepatitis o las parasitosis padecidas por casi la mitad de la población mundial.
A veces bastan unos pocos remedios para ayudar de forma eficaz a un gran número de personas aquejadas de estas enfermedades. Si realizamos un esfuerzo añadido en la ciencia y en la investigación podemos lograr un gran beneficio para millones de seres humanos en todo el mundo.
Abrigo el firme convencimiento de que podemos hacer muchísimo bien sin necesidad de que la investigación y la ciencia se adentren en terrenos éticamente comprometidos.
Algunos de los vaticinios que se oyen en relación con las formidables posibilidades de las ciencias de la vida me recuerdan lo que sucedió en los años cincuenta y sesenta. Lo que estaba en juego era el uso pacífico de la energía nuclear en otra parte del mundo, que parecía durante muchos años el camino a seguir.
Por entonces muchos – no sólo entre los científicos – soñaban con una energía inagotable a precios incomparablemente baratos.
Según las previsiones, la energía nuclear haría posible cualquier cosa: Se fertilizarían los desiertos, se inventarían nuevos sistemas de propulsión para los vehículos e incluso se facilitarían las voladuras en la construcción de carreteras. Hoy la mayor parte de la gente se sorprende ante tanta ingenuidad y ante esa fe ciega en el progreso.
El uso de la energía nuclear se consideraba lo más normal del mundo. Apenas se reflexionó sobre una serie de problemas sumamente graves, como por ejemplo la gestión de los residuos, y muchos problemas ni siquiera se reconocieron como tales por inimaginables. Esto debería hacernos ver con ojos un poco más escépticos esos paraísos terrenales que parecen prometernos las nuevas tecnologías.
Quizás Ernst Bloch pensara en tales situaciones al invertir con una connotación admonitoria una célebre frase de Hölderlin: "Pero dónde acecha la salvación anida también el peligro."
Lo que está ocurriendo o es posible en el ámbito de la biotecnología y la medicina reproductiva tiene en un punto esencial una entidad totalmente novedosa: Ya no se trata únicamente de expectativas y riesgos tecnológicos para el ser humano y el medio ambiente. Por primera vez la humanidad parece capaz de alterar al ser humano en cuanto tal o, es más, rediseñarlo genéticamente.
Es obvio que no hace falta ser creyente para saber y percibir que determinadas posibilidades y proyectos de la biotecnología y la ingeniería genética contravienen los valores fundamentales de la vida humana. Son éstos unos valores que – no sólo se han ido acrisolando a lo largo de una historia milenaria. Y estos valores también constituyen la base, antepuesta a todo lo demás: La dignidad humana es intangible.
Nadie cuestiona expresamente estos valores. Pero tampoco podemos permitirnos el renunciar inconscientemente o tácitamente a convicciones éticas o declararlas asunto privado.
Tenemos que tener claras las consecuencias que tendría el cuestionar como fundamento de toda acción estatal ese canon de valores que hemos aquilatado a lo largo de la historia. ¿No seríamos entonces cautivos de una concepción del progreso que toma como medida al ser humano perfecto? ¿No elevaríamos así la selección y la competencia desenfrenada a principio vital supremo?
Nos hallaríamos ante un mundo totalmente diferente, un mundo nuevo – no un mundo bello.
Tengo la impresión de que este tipo de concepciones ya se ha extendido bastante. Así lo patentizan algunos argumentos que se suelen oír en el debate sobre el tema de la ingeniería genética. La optimación para lograr la máxima fuerza y calidad pasa a ser un criterio sobreentendido. ¿No se convierte así el propio cuerpo humano en mercancía y objeto de cálculo económico?
Por supuesto que los argumentos económicos ocupan un lugar legítimo en el debate sobre el uso de los avances en el ámbito de la medicina. Y naturalmente también es un deber éticamente fundado velar por el empleo, por unas condiciones de vida seguras. Esto requiere espíritu emprendedor, requiere afán de éxito económico, requiere realizaciones políticas. La participación de todos en el progreso y el bienestar es un imperativo de la justicia.
Pero lo decisivo es la prelación y ponderación de los argumentos. Evidentemente estamos de acuerdo en que lo que es éticamente insostenible no puede admitirse por el hecho de augurar provecho económico. Los argumentos económicos no cuentan cuando se ve afectada la dignidad humana.
La seriedad y probidad imponen a la par que los argumentos éticos no se instrumentalicen para imponer otros intereses.
Una de las dificultades del debate que tenemos que mantener estriba en que los procesos científicos y tecnológicos se desarrollan a enorme velocidad. Hoy por hoy apenas somos capaces ya de calibrar críticamente las oportunidades y riesgos que entrañan. La aceleración y la creciente premura de tiempo son, sin embargo, coerciones fácticas autoimpuestas a las cuales no debemos abocarnos con una actitud entreguista. La reflexión ética no debe degenerar en pretexto moral para decisiones adoptadas de antemano.
Para poder recapacitar hay que disponer de tiempo entre el descubrimiento y su aplicación, hay que poder calibrar las posibles consecuencias antes de que se produzcan. El que por ejemplo los medicamentos no se pongan en circulación sino después de un minucioso procedimiento de examen y autorización tiene sus buenas razones. ¿Adónde iríamos a parar si sólo pudiéramos reflexionar sobre cambios trascendentales una vez que se hubieran producido?
La autonomía, la autodeterminación y la autorresponsabilidad del individuo se cuentan, a más tardar desde
La extraordinaria importancia que atribuimos a la libertad de decidir del individuo no debe hacernos perder de vista que la autodeterminación va unida a unos requisitos y tiene límites.
Y deberíamos considerar otro factor: No toda posibilidad adicional de elegir significa automáticamente un mayor grado de libertad. Esto es extensivo a los avances médicos. Lo que tiene apariencia de libre autodeterminación puede convertirse en imperativo fáctico.
Absolutamente nada debe situarse por encima de la dignidad de la persona. Su derecho a la libertad, a la autodeterminación y al respeto de su dignidad humana no debe inmolarse a ningún fin. Una ética basada en estos principios evidentemente no sale gratis. Actuar conforme a unos principios éticos tiene su precio.
Como lo que aquí se ventila son cuestiones existenciales en el auténtico sentido de la palabra debe aplicarse con más razón si cabe la siguiente norma: Si tenemos dudas fundadas acerca de si es lícito o no hacer algo técnicamente factible, debe quedar prohibido en tanto no se hayan disipado todas las dudas fundadas.
Repito: los intereses económicos son legítimos e importantes. Empero, no se pueden contrabalancear con la dignidad humana y la protección de la vida.
Todos deseamos que las enfermedades puedan investigarse de forma cada vez más exacta y tratarse de forma cada vez más eficaz. La ingeniería genética y la investigación del genoma juegan un importante papel a este propósito.
El progreso a medida humana es un progreso consciente de su valor y sus valores. Lo contrario de un progreso sin límites no es ni el estancamiento ni el retroceso. Quien se opone a un progreso a cualquier precio no es un enemigo del progreso.
En aras de nuestra libertad tenemos que plantearnos la siguiente pregunta: ¿Qué hay de bueno entre tantas nuevas posibilidades? ¿Qué tenemos que intentar a toda costa? ¿Qué no debemos hacer bajo ningún concepto?
Al enfrentarnos a estas preguntas tenemos que guiarnos por el respeto de la vida desde su mismo inicio. La dignidad humana no es susceptible de contrapesarse con ningún otro valor.
La vida nos recuerda una y otra vez que los seres humanos – por fabuloso que sea el progreso – somos mortales.
Si nos representamos las posibilidades de que disponemos como si fueran infinitas no hacemos sino desbordarnos a nosotros mismos. Así se pierde la medida humana.
Las cuestiones relacionadas con la vida y la muerte nos afectan a todos. Por eso no pueden dejarse únicamente en manos de los expertos. No podemos delegar nuestras respuestas: ni en la ciencia ni en comisiones ni en consejos. Claro que pueden ayudarnos pero las respuestas tenemos que darlas nosotros. Tenemos que debatir estas cuestiones y decidir juntos.
Se trata de decisiones políticas. Pretender ceder a la ciencia las decisiones sobre lo que debe hacerse es confundir los cometidos de la ciencia y de la política en un Estado democrático de Derecho.
Necesitamos un debate público a ciencia y paciencia, que no obvie absolutamente nada: ni las intenciones ni las finalidades, ni las esperanzas ni los temores que se asocian a las nuevas posibilidades.
Necesitamos ilustración en el mejor sentido de la palabra. La ilustración se dirige tanto contra los miedos irracionales y las visiones apocalípticas como contra las puras fantasías de omnipotencia tecnológica.
Tenemos que convenir dentro de un proceso de diálogo permanente el derrotero que debe tomar el progreso.
Tenemos que definir dentro de un proceso de decisión permanente qué límites estamos dispuestos a traspasar y qué límites queremos aceptar.
Una y otra vez tenemos que ponderar y decidir qué posibilidades nos ofrecen realmente un mayor espacio de libertad y qué posibilidades nos someterían meramente a nuevas coerciones o incluso supondrían una intromisión en la vida ajena.
El futuro está abierto. No es un sino inexorable. No se nos viene encima. Podemos modelarlo, con lo que hagamos o dejemos de hacer. Tenemos muchas posibilidades, posibilidades formidables. Aprovechémoslas para un progreso y una vida a medida humana.
RASTRO Y DESAFÍOS DE LA BIOÉTICA
sábado, 10 de abril de 2010
II ENCUENTRO DE BIOÉTICA DEL COMITÉ
viernes, 25 de septiembre de 2009
HIPÓTESIS SOBRE LA DESHUMANIZACIÓN, UN ACERCAMIENTO AL ORIGEN DE LOS MALES*
Médico ginecólogo y escritor
Presidente Comité Bioético Clínico Red Distrital
Estas preguntas encierran dudas y a la vez certezas, y dejan la evidencia de las transformaciones radicales que ha sufrido el arte de curar. Para comenzar, el médico paternal, con visión integral del enfermo y su familia, capaz de auscultar las emociones con paciencia, es cosa del pasado. Con sus virtudes y defectos ese paradigma ha sido reemplazado. ¿Pero esa medicina más apacible y menos técnica debía substituirse? No del todo, es mi respuesta. No en todo aquello que ha significado el menoscabo de la relación del médico con el paciente.
Los cambios que se han dado, odiosos para el médico humanista, han resultado sin embargo inevitables. Creo que la masificación, la parcelación del cuerpo humano, el afán de producir y la comercialización de la medicina son los verdaderos responsables.
La multitud hace invisible al individuo: en el montón se pierde la dignidad y el valor de las personas. En la muchedumbre uno de más, uno de menos, carece de importancia. Entre el gentío que atiborra en una noche las urgencias, el nombre de un paciente resulta irrelevante. Nunca se recuerda. Con frecuencia se olvida el motivo de ese anónimo que llegó a consulta. La masificación deshumaniza. Deshumaniza porque agota. El profesional agotado comienza a sentir como tortura la próxima consulta; el siguiente paciente es un suplicio. Deshumaniza porque en el maremagno se vuelve rutinario el sufrimiento. El caso doloroso y único conmueve; ante los mismos casos en sucesión indefinida termina anestesiado el sentimiento. La masificación deshumaniza porque vuelve anónimos a todos los actores, porque involucra demasiada gente: mucho intermediario. Ya no son el médico y su paciente en comunión privada; hasta el vigilante y el portero se entrometen. Todos en la multitud son para los demás intrusos, se ven con desconfianza. Por seguridad las instituciones de salud cierran sus puertas y deben exigir identidades. Ni los vigilantes conocen a los médicos, con mayor razón desconocen al paciente.
La fragmentación del cuerpo humano es obvia consecuencia del desarrollo de su conocimiento, nada hay que reprocharle. Ninguna mente alberga todo el saber de nuestra medicina. La aparición de las especialidades es un razonable desenlace. Pero su aparición, sin proponérselo, acabó con el médico omnisciente que atendía integralmente todas las dolencias. Hoy el especialista no está en condición de resolverlo todo, pero esa misma incapacidad volvió improductiva la atención de las quejas del paciente. ¿Para qué escuchar lo que no tiene posibilidad de remediarse?
En un comienzo la medicina fue ciencia –menos ciencia- y humanidad –más compasiva-, pero el tiempo la fue volviendo más técnica y menos afectiva. Humanidad y ciencia, en una relación inversamente proporcional, se fueron distanciando. Los mismos actos de preservar la vida al borde de la muerte, se fueron encarnizando, y sin ánimo de maldad alguno. Preservar la salud y la vida a toda costa, por obra de una visión desenfocada, se convirtió en el mayor bien a proporcionar al ser humano, pasando por alto hasta los sufrimientos que esa actitud provoca. No dejar morir no siempre es una hazaña.
Por cuántos siglos médico y paciente trabaron una relación humana y personal sin imaginar que con el tiempo el derecho la volvería un contrato, y que más adelante encajaría en un portafolio de servicio, jerga del entorno comercial, que también define al enfermo como cliente. Años apacibles –por desgracia poco técnicos- en que la relación médico-paciente se daba sin intermediarios, ni leyes del mercado.
“El trabajo del médico solo lo beneficiará a él y a quien lo reciba, nunca a terceros que pretendan explotarlo comercialmente”, reza el código de ética médica colombiano. Saludable o no, apenas es romántico. Difícil imaginar que en las empresas de salud todo sea filantropía sin ánimo de lucro. Pero hacer empresa con la salud no es censurable. Por efecto de la misma masificación, resulta necesario. De hecho los recursos privados, mejor administrados que los del Estado, tienen en la salud la posibilidad de demostrar su compromiso con la sociedad. Lo reprochable es ver la vida humana tan sólo como un negocio lucrativo. A la buena administración de los recursos y el manejo acertado de los negocios debe sumarse una contextura moral a toda prueba. Debe existir una clara jerarquización de principios y valores, un manifiesto sentido de justicia, un reconocimiento de la vida y la salud como bienes absolutos, una anteposición del paciente a lo económico; admitir al enfermo como fin, no como medio: reconocerlo como el propósito más importante de la organización.
La productividad y el afán de lucro son la enfermedad de nuestro tiempo. Gracias a este morbo todo se volvió vertiginoso. El mundo corre en un afán de producir sin tregua, relegando la tranquilidad y las dichas del espíritu. No vive, galopa contra el tiempo. Si es trabajador de la salud, salva una vida, recupera un órgano, hace una consulta apresurada -que estadísticamente se traduzca en jactanciosos rendimientos-, cumple lo urgente, corre de una institución a otra, y posterga lo espiritual –lo suyo y lo de su paciente-. Y en esa postergación lo espiritual se finalmente se olvida. Quien no sigue el modelo se rezaga, quien se rezaga sucumbe en este trote desbocado, en esta absurda “selección natural” impuesta por el hombre.
El conocimiento, motor del progreso tiene precio. La educación también es un negocio. Hoy el conocimiento es un incuestionable producto del mercado y puede valer más que los bienes materiales. Si éstos valen, tiene lógico asidero que cuesten los bienes que trascienden, como la educación, más si se entiende que los recursos que requiere su infraestructura no salen de la nada. De todas maneras la salud y la educación no son un privilegio, son un bien universal que debe asegurarse. Por más que cueste toda persona debe tener garantizado ese derecho. Cómo se logre depende del ingenio de quienes rigen sus destinos.
En la conjunción de tantos extravíos, de tantos males, aprietos y limitaciones resulta inevitable que la humanidad se pierda, en el afán de sobrevivir la vocación se distorsiona, la caridad se queda sin espacio, la acción desinteresada ante el ánimo comercial claudica.
* Fragmento de un ensayo del autor sobre la humanización.
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CONSENTIMIENTO INFORMADO PARA PROCEDIMIENTOS ANESTÉSICOS
CONSTANCIA DE CONSENTIMIENTO INFORMADO PARA PROCEDIMIENTOS ANESTÉSICOS
Historia Clínica: _______________
Nombre del paciente ____________________________________________
II. INFORMACIÓN
Yo __________________________________________, mayor de edad, identificado como aparece al pie de mi firma, actuando en mi propio nombre o en mi calidad de _________________________ del paciente _______________________________________ por medio del presente documento, de manera expresa, libre, en pleno uso de mis facultades mentales manifiesto que el doctor ______________________________, médico anestesiólogo del hospital, me ha informado que en razón del siguiente diagnóstico:
_______________________________________________________________
debo ser sometido a un procedimiento anestésico cuya finalidad es:
_______________________________________________________________
Tratamiento del dolor ____ Realización de una intervención quirúrgica _____
Realización de un procedimiento diagnóstico ____
Me ha explicado que la anestesia priva en forma general o parcial de la sensibilidad, de tal manera que permite controlar el dolor que acompaña a ciertas enfermedades, y facilita la realización de intervenciones diagnósticas o terapéuticas que ocasionan dolor intolerable al efectuarse. Para conseguirlo, la anestesia mediante el uso de determinados fármacos lleva al estado de insensibilización, o de insensibilización e inconsciencia; puede hacer insensible sólo la zona del cuerpo que va a ser intervenida (anestesia regional o local) o provocar la inconsciencia e insensibilidad total. En este último caso el anestesiólogo me ha manifestado que será garante de mi seguridad, tomando las decisiones que en su criterio me la puedan proveer, al no poder consultar sus decisiones conmigo, por mi inconsciencia.
Igualmente expreso que me ha dado información acerca de los siguientes aspectos:
*Propósito del procedimiento anestésico
*Alternativas anestésicas
*Técnica anestésica
*Monitoria de mis signos vitales
*Beneficios del procedimiento
*Consecuencias en caso de no aceptar
*Tipo y efecto de los medicamentos empleados
*Reacciones alérgicas
*Riesgos previsibles y efectos colaterales
*Necesidad de ayuno y tiempo de ayuno
*Medicación que puedo continuar
*Medicación que debo suspender y antelación
También declaro que me ha advertido que pueden presentarse complicaciones imprevistas. Y que me ha señalado como efectos secundarios frecuentes del procedimiento anestésico las nauseas, el vomito, el dolor de cabeza, la somnolencia, el mareo, la ronquera, el dolor de espalda, de garganta o muscular, la inflamación de tejidos blandos, la lesión de labios o dientes y hemorragias alrededor de arterias o venas puncionadas. También que complicaciones más graves pero menos habituales pueden resultar de las reacciones a los medicamentos suministrados o de los procedimientos implementados, que pueden ser eventos agudos o secuelas crónicas, como las lesiones del sistema nervioso central o periférico-, el daño ocular, la lesión de las cuerdas vocales o la tráquea, la neumonía y otras complicaciones pulmonares, el daño renal, los sueños o recuerdos intraoperatorios, las reacciones adversas de las drogas, las quemaduras, el infarto de miocardio, la trombosis o embolía cerebral, la hipertermia maligna y la muerte.
Otras complicaciones derivadas de mi condición clínica son:
_______________________________________________________________
_______________________________________________________________
_______________________________________________________________
Me ha explicado que de acuerdo a los antecedentes que le he suministrado, al análisis de mi historia clínica y al examen físico practicado considera que tengo un alto ____ medio ____ bajo ____ riesgo anestésico y que la mejor alternativa para mí es la anestesia general ____ regional (Raquídea o epidural) ____ Troncular ____ local asistida ____. Advirtiéndome que circunstancias inesperadas clínicas o técnicas pueden hacer variar el tipo de anestesia inicialmente elegida.
Ha sido explicito en que el ayuno absoluto previo al procedimiento anestésico es fundamental para prevenir complicaciones que podrían derivar en graves complicaciones y aún en la muerte. Requisito del que por obvias razones sólo se prescinde en casos de cirugías de extremada urgencia.
Me ha explicado también que en el curso de la anestesia se pueden presentar situaciones inesperadas que requieran procedimientos adicionales –inclusive quirúrgicos- o transfusiones sanguíneas. Me ha informado que en caso de practicarse tales transfusiones se hará previos exámenes de compatibilidad, y con productos certificados con las pruebas exigidas por la ley, aunque aún así pueden presentarse reacciones y riesgos de infección.
Además se me ha informado que en la institución en que voy a ser atendido(a) interviene personal en formación que participa bajo la responsabilidad y supervisión directa y presencial del profesional docente. También que el hospital realiza investigaciones científicas en las cuales se hace necesaria la revisión de las historias clínicas, las cuales sólo pueden ser tomadas para estudio si el presente consentimiento ha sido firmado y si el comité de ética en investigación del hospital aprueba la investigación propuesta: En tal caso la institución como el investigador garantizan la confidencialidad del contenido de la historia clínica y el secreto de la identidad del paciente.
Doy constancia de que se me ha explicado en lenguaje sencillo, claro y totalmente entendible para mí, cada uno de los puntos anteriores, además se me ha permitido hacer todas las preguntas necesarias y todos los espacios en blanco han sido llenados antes de mi firma.
III. OBSERVACIONES ADICIONALES
_______________________________________________________________
_______________________________________________________________
_______________________________________________________________
IV: AUTORIZACIÓN
Como resultado de la información recibida manifiesto que:
1. Si autorizo ____ No autorizo ____
A los médicos del servicio de anestesia del hospital la realización de los procedimientos señalados en el presente documento.
Y (si o no ) _____ autorizo que los datos de la historia clínica sean utilizados en investigaciones de carácter científico en las condiciones en que me fueron explicadas.
_______________________________ _______________________________
C.C. .................................................C.C.
Paciente .......................................... Acudiente o testigo
Huella del paciente
Uso de huella dactilar: Certifico que se me ha leído el documento en presencia de un testigo o acudiente, quien en constancia firma junto a mi huella.
Doy fe de haber informado al paciente
_______________________________ _______________________________
Firma del médico................................Asistente del médico
C.C. .................................................C.C.
lunes, 24 de noviembre de 2008
CONSENTIMIENTO INFORMADO EN PRUEBAS PARA VIH
CONSTANCIA DE CONSENTIMIENTO INFORMADO* PARA LA TOMA DE PRUEBAS PARA VIH
Historia Clínica: _______________
Nombre del paciente __________________________________
II. INFORMACIÓN
Yo __________________________________________, mayor de edad, identificado como aparece al pie de mi firma, actuando en mi propio nombre o en mi calidad de _____________________ del paciente _______________________________________ por medio del presente documento, de manera expresa, libre, en pleno uso de mis facultades mentales manifiesto que el doctor __________
________________________________ me ha explicado la necesidad de practicar la siguiente prueba para detectar infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH):
Solicitud que hace basado en la siguiente indicación:
Antecedentes de riesgo ______
Manifestaciones clínicas sugestivas de infección por VIH ______
Accidente laboral ______
Embarazo ______
Solicitud voluntaria ______
Igualmente expreso que me ha dado información acerca de los siguientes aspectos:
Qué es el VIH y qué el SIDA
Las condiciones de riesgo para adquirir la infección
Propósito del examen
Beneficios de su realización
Tipos de pruebas
Confiabilidad y limitaciones de la prueba
Procedimiento de la toma
Consecuencias en caso de no aceptarla
Riesgos de la toma de la muestra
Molestias del examen
Implicaciones y consecuencias de un resultado anormal
III. OBSERVACIONES ADICIONALES
________________________________________________________________________________________
________________________________________________________________________________________
IV: AUTORIZACIÓN
1. Si autorizo No autorizo
La toma de la muestra y la realización de la (s) prueba(s), señalados en el presente documento.
_______________________________
C.C.
Paciente
_______________________________
C.C.
Acudiente o testigo
Huella del paciente
Uso de huella dactilar: Certifico que se me ha leído el documento en presencia de un testigo o acudiente, quien en constancia firma junto a mi huella.
Doy fe de haber informado al paciente
______________________________
C.C.
Firma del médico
______________________________
C.C.
Asistente del médico
______________________________
Firma del profesional que realiza la consejería
C.C.
* El consentimiento informado es la manifestación voluntaria y consciente del paciente por la que autoriza, la realización de un determinado procedimiento o tratamiento propuesto por su médico tratante, con base en la información comprensible, suficiente y veraz que él le ha suministrado sobre el mismo, sobre su propósito, riesgos, molestias, efectos secundarios y consecuencias en caso de no aceptar.
En este caso el procedimiento es una prueba de laboratorio para detectar la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), agente causal del SIDA.
INDICACIONES. Las pruebas para detectar infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) se pueden realizar ante la sospecha de infección, pero también de forma preventiva, como cuando se practican a las mujeres en embarazo. Son indicaciones para la prueba:
Antecedentes de riesgo no laboral (haber recibido trasplantes o transfusiones sanguíneas, uso de agujas compartidas, relaciones sexuales con personas infectadas, promiscuidad sexual, dependencia de sustancias psicoactivas, entre otros).
Manifestaciones clínicas sugestivas de infección por VIH
Accidente laboral
Embarazo
Solicitud voluntaria
CONFIABILIDAD Y LIMITACIONES DE LA PRUEBA. Aunque las pruebas son bastante confiables, existen resultados falsos conocidos como positivos y negativos. En los primeros el resultado hace suponer una infección que no existe, en el segundo se descarta una infección que realmente existe. Es por este motivo por el que las pruebas que apenas son presuntivas deben confirmarse con otras más específicas. Una prueba negativa falsa puede ser resultado del período de ventana inmunológica (menor de tres meses desde la infección), durante el cual no existen la cantidad suficiente de anticuerpos contra el VIH para ser detectado por el laboratorio. En los casos en que los resultados de las pruebas son indeterminados (ni confirman ni permiten descartar la infección) el examen debe repetirse seis meses después.
TIPOS DE PRUEBAS. Existen dos tipos de pruebas, las presuntivas y las confirmatorias. La prueba de Elisa es una prueba presuntiva y el primer paso en el diagnóstico. Cuando sale positiva debe confirmarse mediante una prueba de mayor especificidad conocida como Wenstern Blot. La prueba positiva de Wenstern Blot indica que la persona se encuentra infectada; Su negatividad que no hay indicio de laboratorio de la infección.
CONFIDENCIALIDAD. Los miembros del equipo de salud mantendrán la confidencialidad sobre el diagnóstico y estado de salud garantizando con ello el respeto al derecho fundamental a la intimidad
CONDUCTA ANTE LA POSITIVIDAD DE LA PRUEBA. Si la prueba presuntiva resultara reactiva, se le repetirá, y si se conforma la anormalidad, se practicará una prueba confirmatoria.
La prueba confirmatoria positiva indica que usted se encuentra infectado, por lo que debe ser consciente de que de que debe tomar precauciones para no trasmitir la infección a otras personas. Igualmente se le aconseja buscar el apoyo y la asesoría para el manejo integral de la situación.
APROBADO POR EL COMITÉ 281108.

